Grito nocturno

Fue un jueves.

Trató de gritar pero su garganta que había sido abierta de un solo tajo de izquierda a derecha solo dejó escapar una turbulenta cantidad de sangre que se disolvió en el agua fría del rio.

Ya no sentía ningún dolor.

Horas antes había sido violada tan brutalmente que lo único que deseaba era terminar con todo, pero por alguna razón se prolongaba la hora.

Cuando su amiga la encontró atascada y envuelta en un costal, internamente la maldijo por no dejarla morir tranquila y se dejó arrastrar sin fuerzas por su salvadora.

Eran prostitutas que habían llegado a ese pueblo olvidado de dios, donde gastar millones en un solo fin de semana era lo habitual, gracias a la explotada hoja de coca que dejaba mejores ganancias que el plátano y el cacao que antaño se cultivaba.

Fue su amiga quien gritó pidiendo auxilio en las casas cercanas y aunque había una iglesia ni siquiera se acercó porque temía ser repudiaba por el párroco.

Fueron de casa en casa, tocando puertas, pidiendo auxilio, gritando que se estaba muriendo, que necesitaban ayuda, pero nadie les atendió. El pueblo entero estaba despierto pero aguardó en silencio, sobrecogido entre las sábanas, inconmovible al desgarrador llanto de la mujer que desesperada los llamaba.

Luego, no se escuchó nada más y volvieron a dormir.

Al día siguiente todos habían escuchado la historia: eran dos putas, que habían tenido una pelea por un cliente y una de ellas mandó a matar a la otra, que agonizando fue encontrada por su amiga. El asesino, no solo había desgarrado su garganta, también su ano, y su vagina. La había envuelto en un costal y su intención era tirarla rio abajo, pero debido a las ramas y a la sequía, se encalló antes incluso de llegar a la corriente.

Por las calles del pueblo, un rastro de sangre indicaba el camino que las mujeres habían recorrido buscando ayuda y sólo fue lavado con la siguiente lluvia. Suerte que era un lugar tropical.

Después de desayunarse el chisme los adultos se dispusieron a cumplir con sus deberes y los niños fueron al colegio. Solo en el receso se escaparon a la orilla del rio donde encontraron el costal ensangrentado.

Y los días siguieron igual, porque solo era uno de esos acontecimientos extravagantes que suelen ocurrir por las noches en los pueblos donde la guerra es la ley y la muerte su voz.

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2 comentarios sobre “Grito nocturno

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